AÑO 2 VOLUMEN 1123. . |
 

 


Cri-Cri. Las mujeres que lo marcaron

Por Alberto Tavira Álvarez

Una madre que lo abandonó, una abuela que lo crió, una hermana que murió a consecuencia de un aborto y una esposa que lo lanzó a la fama. Todas ellas contribuyeron directamente a forjar la personalidad de Francisco Gabilondo Soler, el compositor más importante de música infantil que ha tenido México y que este mes cumple 100 años de haber nacido.

Francisco Gabilondo Soler.

Francisco Gabilondo Soler.

Apenas tenía ocho años cuando su madre lo abandonó. Francisco era muy pequeño para comprender que Emilia Soler Fernández, la mujer que lo trajo al mundo, tenía una fascinación exacerbada por el poder. Casada desde 1905 con Tiburcio Gabilondo Goya, Emilia, de 32 años, llevaba una vida muy cómoda en Orizaba, Veracruz. Se dedicaba al cuidado de sus cuatro hijos: Francisco (que nació en 1907), Jorge (1908), Eva (1909) y Augusto (1910), quien sólo vivió un año; mientras que Tiburcio, de 34, trabajaba como contador público, entonces llamado tenedor de libros, en la Cervecería de Orizaba.

De procedencia española por ambas partes, los Gabilondo Soler eran una de las familias mejor colocadas en la clase media de la época. El papá de Emilia era un coronel que llegó a México de España en 1861, durante la Segunda Intervención Francesa, y Tiburcio era de origen vasco. Sin lugar a dudas esto contribuyó a que los tres hijos hombres del matrimonio heredaran los ojos claros, rasgos finos y pelo rubio de sus antecesores.

El pequeño Francisco asistía a la primaria Manuel Oropeza, que actualmente lleva el nombre de Francisco Gabilondo Soler. Su mamá iba diariamente por él a la escuela. Un día, Emilia no asisitió y en su lugar fue Tiburcio. Al llegar a casa, se dio cuenta de que su mamá no estaba. Comenzó a buscarla y descubrió que tampoco estaban sus pertenencias.

La clase media ya le quedaba chica a Emilia y dejó a su familia sin más explicaciones que una breve conversación en donde le dijo a Tiburcio que necesitaba una mejor vida. Él quedó destrozado, no sólo porque su mujer se había marchado, sino porque después se enteró de que ella se había vuelto a casar, esta vez con Enrique González, un potentado avicultor, dueño de muchos terrenos en las zonas de Coapa y San Ángel, en el sur de la ciudad de México.

LA ABUELA, SU MUSA INSPIRADORA

Doña Emilia Fernández Flores, mamá de Emilia, no podía quedarse con los brazos cruzados e inmediatamente le ofreció a su yerno ayudarlo con los niños. Los llevaba a la escuela, les preparaba de comer, los cuidaba cuando estaban enfermos, jugaba con ellos y los consentía como nadie. La abuela se convirtió en la mamá, y aunque les daba todo su amor a los tres nietos por igual, había uno preferido: Francisco, a quien le leía cuentos por las noches. El pequeño comenzó a desarrollar su creatividad gracias a esas historias. No era brillante en la escuela, pero tenía una agudeza que le permitió destacar en otras cosas desde temprana edad.

Francisco ya no quiso seguir estudiando y sólo concluyó la primaria. Cuando cumplió los 15 años le dio por hacer mucho ejercicio: iba a nadar y a practicar box a los baños Mancera, propiedad del nieto del empresario y político Gabriel Mancera. Antes de cumplir la mayoría de edad, ya se había convertido en campeón estatal peso welter.

Con el paso de los años, el joven fue desarrollando otras virtudes. Cada que iba al deportivo se quedaba observando una pianola ubicada en uno de los salones, hasta que un buen día se decidió a sentarse frente a ella y comenzar a experimentar. Fue así como aprendió música.

Ya de adulto, Francisco compuso varias canciones inspirado en su niñez al lado de la abuela. Un ejemplo es “El ropero” (escrita en 1934): “¡Toma el llavero abuelita / y enséñame tu ropero! / prometo estarme quieto y no tocar lo que saques tú”.

El tema “Di por qué” lo compuso recordando cuando de niño no entendía por qué su abuelita ya no quería jugar con él, se cansaba fácilmente y comenzó a encorvarse: “Di por qué, dime abuelita / di por qué eres viejita / di por qué sobre las camas / ya no te gusta brincar”. El corazón de doña Emilia dejó de latir en 1927. Su esposo, el coronel José Antonio Soler del Mazo, había muerto 10 años antes. 


LA HERMANA, UNA TRÁGICA MUERTE

Eva Gabilondo Soler había heredado el porte de las mujeres de la familia y a temprana edad se volvió una de las jóvenes más cotizadas de su natal Orizaba. No tardó mucho en casarse. En 1930 contrajo nupcias con el apuesto Alberto Berrón. Un año después de la boda, la pareja tuvo su primera hija, a la que bautizaron con el nombre de Lourdes y más tarde se mudaron a la ciudad de México. Sin embargo, el matrimonio solamente duró siete años.

La joven se fue con su pequeña Lulú a casa de su mamá, Emilia Soler Fernández, a quien ella y su hermano Francisco ya había reencontrado y con quien llevaban una relación cordial. Era la década de los 60 y Emilia acogió a su hija en su casa, una enorme residencia en San Ángel, en la calle de Santísimo, donde vivía con su segundo esposo, Enrique González. Parecía que después de tanto tiempo separadas por fin convivirían de nuevo como madre e hija, pero no fue así.

En ese entonces, Eva tuvo una relación amorosa y quedó embarazada. El hecho se mantuvo en absoluto silencio, pues un bebé fuera del matrimonio era un escándalo. Así, la hermana de Cri-Cri intentó solucionar el problema y se practicó un aborto en la casa de su mamá. Los gritos de dolor la delataron y cuando Emilia vio lo que le pasaba a su hija, lejos de ayudarla la echó a la calle y llamó por teléfono a Rosario Patiño, quien fuera esposa de Francisco durante 26 años y de quien ya estaba divorciada, para que la fuera a recoger. Ésta la llevó a su departamento en los Edificios Condesa y de inmediato llamó a un médico, pero era demasiado tarde. Eva se desangró hasta la muerte.


LA ESPOSA, EL AMOR DE SU VIDA

Era muy joven cuando se enamoró. Francisco acababa de cumplir los 18 años. Una mañana, mientras corría de su casa al gimnasio vio a los lejos a una joven que lo hizo bajar la velocidad. Era Rosario Patiño Domínguez, una chica de alcurnia que, tras la muerte de sus padres (el doctor Lorenzo Patiño y María del Rosario Domínguez), se había quedado al cuidado de su padrino, Edmundo D’Jarmy.

Su tutor la tenía prácticamente encerrada y no la dejaba salir a la calle sola, pero ese día acudió a misa y fue cuando conoció al mejor boxeador de Veracruz, de quien se hizo novia tiempo después.

Más tarde Francisco fue enviado por su papá a Nueva Orleáns para que aprendiera el oficio de linotipista, pero el joven utilizaba el dinero para ir a los bares de jazz, donde aprendió a tocar varios instrumentos. Cuando lo descubrieron, lo obligaron a volver e inmediatamente se casó con Rosario en junio de 1927 en la Catedral de Orizaba.

Él tenía 19 y ella 21. Para ayudarlo, su papá le regaló una librería llamada La Atenea, sin embargo el negocio cerró luego de dos años. En ese lapso la pareja recibió a su primogénito, Jorge, quien nació el 12 de abril de 1928. Con el bebé en brazos, Rosario y Francisco se mudaron a la ciudad de México, donde él entró a trabajar a Industrias Pando, mientras que ella fue contratada como secretaria en La Campana, compañía que vendía pomadas y cremas.

La familia se cambió de casa en varias ocasiones. Primero vivió en Isabel la Católica, esquina con Cuba, en el Centro Histórico. En 1930 llegó su segunda hija: Diana. Después se instalaron en  Sabino 66 en Santa María la Ribera, luego en López Velarde 126 en la misma colonia y finalmente, en 1941, se establecieron en los Edificios Condesa.

Rosario fue ascendida a vendedora y empezó a publicitar los productos de La Campana en las estaciones de radio xeb y xew. Cuando Othón Vélez (el segundo hombre más importante de la radio en México, después de Emilio Azcárraga Vidaurreta) vio la facilidad de la Patiño para las ventas, la invitó a trabajar como su asistente. Pero el talento de Rosario daba para más y pronto se convirtió en gerente de ventas. Obtuvo anunciantes como la Lotería Nacional, Nestlé y La Campana, que luego patrocinaron el programa para niños que le consiguió a su esposo:Cri-Cri, el grillito cantor y que se transmitió por primera vez el 15 de octubre de 1934. Duró 27 años al aire. 

En honor a su mujer, Gabilondo escribió “La patita”. Como ella se apellidaba Patiño, él le decía “Mamá Patito” de cariño y así surgió el personaje que “con canasto y con rebozo de bolita / va al mercado / a comprar todas las cosas del mandado”. La influencia que Rosario ejercía en su esposo no era un secreto para nadie. Él componía y ella comercializaba el material. La señora de Gabilondo era hábil para los negocios y las relaciones públicas, tanto que llegó a ser la directora de ventas de la xew.

En 1933 Francisco tuvo un fuerte reencuentro con su pasado. A petición de su esposa buscó a su madre, y aunque no cicatrizaron las heridas, sí pudieron llevar una relación cordial durante largo tiempo. 

A principios de 1935 Cri-Cri ya estaba en la cresta de la ola. Sus canciones eran del dominio público. Pero la vida así como le dio, le quitó. Francisco y Rosario se separaron en 1954 y firmaron el divorcio un año después. La causa: la fama. A Gabilondo el éxito lo alcanzó demasiado rápido. A los 27 años ya tenía un nombre hecho, era un hombre muy guapo, el dinero le llo-vía... Aparecieron otras mujeres y Rosario, sin dudarlo, le puso punto final a la relación; no así a la de trabajo. Fue su representante durante 50 años.

Ella se volvió a casar, esta vez con Arturo Brisha. Él también contrajo nupcias, con Yvette Bullet. Francisco tuvo dos hijos más en su segundo matrimonio y otro con la tercera mujer con la que vivió, Gloria Gallegos, con quien nunca se casó. Rosario fundó la agencia Gabilondo Publicidad y otra empresa de espectáculos llamada Publiteatro que duró 47 años.

La primera esposa de Cri-Cri falleció en 1988. Por su parte, el Grillito Cantor murió en 1990, a los 83 años. Estaba a su lado Gloria Gallegos, quien lo acompañó hasta el final de su vida.

Orizaba, Veracruz. Francisco Gabilondo Soler nació el 6 de ctubre de 1907 en el seno de una familia de clase media. Su madre fue Emilia Soler Fernández.

Orizaba, Veracruz. Francisco Gabilondo Soler nació el 6 de ctubre de 1907 en el seno de una familia de clase media. Su madre fue Emilia Soler Fernández.

 

La abuela materna. Emilia Fernández de Soler se hizo cargo de sus nietos. Su consentido era Francisco, quien se inspiró en ella para la canción “El ropero”.

La abuela materna. Emilia Fernández de Soler se hizo cargo de sus nietos. Su consentido era Francisco, quien se inspiró en ella para la canción “El ropero”.

 

Desgracia inesperada. Eva Gabilondo Soler, hermana de Francisco, se practicó un aborto y se desangró hasta la muerte. En la foto aparece con su hija Lourdes.

Desgracia inesperada. Eva Gabilondo Soler, hermana de Francisco, se practicó un aborto y se desangró hasta la muerte. En la foto aparece con su hija Lourdes.

 

Su esposa, Mónica Patiño.

Su esposa, Mónica Patiño.

 

Amante del poder. Cuando Francisco tenía ocho años, su madre dejó a la familia para casarse con un potentado de la ciudad de México.

Amante del poder. Cuando Francisco tenía ocho años, su madre dejó a la familia para casarse con un potentado de la ciudad de México.

 

Buen papá. Tiburcio Gabilondo Goya, de origen vasco, era contador público en la Cervecería de Orizaba. Aquí con quien se convertiría en el Grillito Cantor.

Buen papá. Tiburcio Gabilondo Goya, de origen vasco, era contador público en la Cervecería de Orizaba. Aquí con quien se convertiría en el Grillito Cantor.

 

Otra pérdida. Jorge Gabilondo Soler, el tercero de los hermanos, falleció a los cuatro años en un accidente en España.

Otra pérdida. Jorge Gabilondo Soler, el tercero de los hermanos, falleció a los cuatro años en un accidente en España.

 

Una gran mujer. Su primera esposa fue Rosario Patiño, quien introdujo a la radio a Francisco.

Una gran mujer. Su primera esposa fue Rosario Patiño, quien introdujo a la radio a Francisco.

 

Sus mayores críticos. Los hijos de Cri-Cri y Rosario, Jorge y Diana, eran el parámetro para saber si sus canciones les gustarían a otros niños.

Sus mayores críticos. Los hijos de Cri-Cri y Rosario, Jorge y Diana, eran el parámetro para saber si sus canciones les gustarían a otros niños.

José Antonio Soler del Mazo. Llegó a México en 1861 con las tropas españolas durante la Segunda Intervención Francesa. Era el segundo de abordo del  general Prim. Al término del conflicto bélico, Soler se quedó a vivir en Orizaba y se casó con la veracruzana Emilia Fernández Flores.

José Antonio Soler del Mazo. Llegó a México en 1861 con las tropas españolas durante la Segunda Intervención Francesa. Era el segundo de abordo del general Prim. Al término del conflicto bélico, Soler se quedó a vivir en Orizaba y se casó con la veracruzana Emilia Fernández Flores.

Agrandar

 
INICIO

COLUMNAS

Elecciones  Puebla  2007
MÁS NOTICIAS
ESTADO DE PUEBLA Y LA REGIÓN DE TEHUACÁN