La lección de la Reina
Al finalizar el verano de 1997 en el Reino Unido y en el mundo, la popularidad de la Reina Isabel II se encontraba por los suelos, mientras que la figura del recién nombrado Primer Ministro, Tony Blair (su subordinado), estaba en el punto más alto.
Agosto fue un mes catastrófico para la corona británica; la muerte de Diana, la Princesa de Gales, recrudeció el divorcio de la monarquía con sus gobernados (un tercio de los ingleses pedía la extinción de la realeza) y esa coyuntura, supo capitalizarla el nuevo Primer Ministro, quien con la frase “La Princesa del Pueblo” plasmó su capacidad de entender y sintetizar el sentimiento generalizado de una sociedad.
Fue un verano redondo para Blair, líder del partido laborista; pues se proyectó internacionalmente al sortear con habilidad la crisis que supuso la muerte de la popular lady Di y afianzó su liderazgo, al lograr flexibilizar los rígidos moldes de la monarquía que ya comenzaban a chocar frontalmente con la dinámica social de Gran Bretaña.
En la reunión posterior a esos turbulentos días, la Reina y su ministro se encontraron en privado como mandata el protocolo de su política interna. Tony Blair no podía ocultar su satisfacción, pero mantuvo la serenidad ante la sobriedad de la soberana, sacudida en las últimas horas por el rechazo de sus súbditos.
Los puntos de la agenda fueron agotándose rápidamente hasta que llegó el momento de la despedida. Con la salutación final llegó la reflexión: “nunca me había sentido tan rechazada”, expresó Isabel II, quien deslizó sutilmente el tema candente de esas semanas. - Lo superará, le devolvió su Primer Ministro para darle ánimo.
- Usted salió victorioso en esta oportunidad, pero le pasará lo mismo señor Blair; sentenció la monarca.
La profecía se cumplió. En el último trecho de su gestión, Tony Blair enfrentó una nueva crisis; el derrumbe de las Torres Gemelas en Nueva York precipitó una guerra en el Golfo Pérsico y su intuición política le indicó fortalecer su alianza incondicional con el presidente norteamericano George W. Busch.
Esta acción no resultó tan afortunada como la emprendida con la muerte de Diana de Gales y su popularidad descendió a niveles nunca antes vistos en un Primer Ministro. En el verano de 2007 Blair dejó la cabeza del gobierno del Reino Unido en medio del repudio generalizado.
El 30 de agosto –en unos días-, se conmemora un año más del accidente que le costó la vida a lady Di; las lecciones que quedaron de esos acontecimientos, incluida la de la Reina, sirven para muchos líderes contemporáneos.
Gobernar de espaldas a las expresiones populares suele tener consecuencias muy altas; nadie sale bien librado, ni siquiera un monarca. Pretender dirigir una gestión ignorando el sentimiento popular, imponiendo criterios y cancelando canales de comunicación no solo es peligros, es suicida.
La sabiduría popular mexicana resume así la sensibilidad que debe tener el gobernante: “cuando el pueblo dice que es de noche, hay que salir a encender las farolas”; quizá no hay que seguir a rajatabla esta expresión, aunque sí, deberían encenderse algunas velas.
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