AÑO 6 VOLUMEN 2368

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Letra Capital

Flavio Morales Cortés

México pienso en ti

Cada vez que pienso en México, como en un proceso de memoria selectiva, omito episodios como el 68, el halconazo, las reiteradas devaluaciones económicas, Acteal, la descalificación en las olimpiadas de Sydney 2000 de Bernardo Segura, justo después de cruzar la meta. Todo es desechado.
Elimino también el recuerdo de Lomas Taurinas, la risa obscena de Díaz Ordaz -¿por qué los dictadores siempre sonríen?-, la agonía de los mineros de Pasta de Concho, el piano de Carmen Romano de López Portillo, o las fortunas de rémoras sexenales como los Durazo, Bibriesca o Gordillo.
Desaparece también el recuerdo de los más de 40 mil muertos en la llamada lucha contra el narcotráfico de este sexenio, patiños como Juanito y su espantoso peinado de los 70, el Za Za Za y las entidades heridas por la inseguridad.
Doy una importancia igual a cero a los caciques remisos, los iluminados, el cine de ficheras, el clembuterol nuestro de cada día, la leche Diconsa, los cachirules que nos dejaron fuera de Italia 90, el 88, el 2006, las ladies, las misses de los sicarios o las opulentas viandas en las fiestas del Cardenal.
Difícilmente recuerdo que tuvimos un Presidente al que mangoneaba su vieja aunque usara bigote, botas y montara a caballo. Cada vez que pienso en México no veo a la dictadura perfecta, ni al Estado fallido, ni un filántropo vestido de Ogro.
Menos aún retengo apellidos como Caro Quintero, Fonseca, Carrillo, Rebollo, Loera, Zambada, Arellano Félix, Treviño, Torres, Cárdenas Guillén, Valenzuela, Beltrán Leyva o Villareal.
Me resultan ajenos episodios de ligas, colinas con perros, privatizaciones, fobaproas, gaviotas, Amigos de uno o de los otros, sucesivas cadenas de palabras que anteceden el gate, caravanas que van otras que regresan, conatos de censura, casinos quemados también guarderías, tomas de Reforma, trenes de la muerte, migrantes que quedan a mitad del camino.
Cada vez que pienso en México, les juro, no vienen a mí ni las muertas de Juárez, ni los levantones, ni las extorsiones, tampoco los narcomensajes, el culto a la muerte o al Santo Malverde, ni la debilidad por la corrupción.
Ni siquiera Paulina, Gilberto, Stan, Karl, los penales fallados en el 94, la caída del sistema, el levantamiento de Atenco, los Apos, las Martas, el virus de influenza, las tachas, los cinco lobitos, el carro completo o hasta el ratón loco.
Cada vez que pienso en México, prefiero evocar la región más transparente, ese laberinto de la soledad, donde las batallas son en el desierto, y aunque las tierras sean flacas y el llano esté en llamas, siempre podemos recostarnos en la suave patria, tomar con cuchara sorbos de la luna y dar tiempo al tiempo.
Comentarios a letracapital@yahoo.com.mx o en Twitter @moralesflavio

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