Tiempo de navidad
En un día cualquiera del último mes saco mi escoba y comienzo a barrer las malas noticias. La calle se inunda de luces y en la ciudad brotan villancicos; hay cantos de la rama en cada semáforo y el olor de pinos se puede aspirar en todas las casas. Desbordo optimismo y me digo, repito e insisto que son días para celebrar.
Sin embargo otro día cualquiera de ese último mes, las malas noticias mancharon paredes, percudieron cortinas y de plano se adueñaron de pisos y alfombras. Agito con brío el sacudidor y no logro sacarlas, apenas si puedo disimular su presencia.
En estas fechas se intenta de todo. Se sube el volumen de los villancicos para no escuchar, se miran películas, se apagan teléfonos, se evitan las redes sociales pero sin embargo parecen volar, porque las malas noticias tienen esa levedad propia del hollín, que aunque sellen puertas y ventanas, siempre encuentran cualquier rendija para poder entrar.
Y como si fuera aquella tonadita de un elefante que se columpiaba sobre la tela de una araña, tomo de nuevo la escoba y comienzo a barrer esas malas noticias. Hoy es navidad y hay que evitar que esa polución empañe el festejo.
Sin embargo tanta suciedad obliga a la reflexión, porque todo efecto tuvo antes su causa y las malas noticias por malas que sean, no brotaron así nada más de la nada, debieron salir de temas fangosos, acciones anegadas y oscuras que mutaron en bola de lodo.
Mi intento infructuoso por evitarle máculas a la temporada, debe ser el de muchos que aunque no lo quieran, se topan con esa –parece- inevitable cascada de incidentes desafortunados que nos hacen presos de la incertidumbre.
Así que nadie nos culpe porque las malas noticias ensucien todo lo que tocan, incluso a quienes hábilmente intentan esquivarlas. Me resisto a creer que son un mal necesario y por supuesto que pienso que hay más buenas noticias, sin embargo el poder corruptor que las malas noticias ejercen en el ánimo, no se puede limpiar hay que desinfectar.
Quienes somos fieles creyentes de la llegada de nuestro redentor, hoy podemos elevar nuestra reflexión para alcanzar nuestra fe, y esperar que muy pronto abramos puertas y ventanas sin el temor a la contaminación, sin temer necesitar una escoba más grande que pueda erradicarla. Hoy dejemos de barrer y tengamos tiempo de calidad y en paz con la familia.
Mañana cada quien sabrá si toma su escoba para una vez más, comenzar a barrer para contrarrestar los efectos del polvo que sigue en el aire. Sé que podremos seguir respirando aunque haya impurezas y esperemos en breve, poder también hablar sin necesidad de empuñar un sacudidor.
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