La otra Cristina
El sutil aroma a vainilla barrena las paredes de la antesala y pasillos que conducen al despacho presidencial de la República Argentina; es la mejor carta de presentación para quien hoy ocupa la oficina principal del gobierno del país: Cristina Elisabet (sic) Fernández Wilhelm.
Es “aromaterapia” revela un colaborador de la Casa Rosada, luego de confirmar con una sonrisa las versiones en torno a la irascible personalidad de la presidenta, líder del Frente para la Victoria que fundó con su extinto esposo el ex presidente Néstor Kirchner.
Hace apenas unas semanas, orillada por el acoso de la prensa que subrayaba presuntos trastornos en su personalidad y cuadros depresivos, la segunda mujer en ocupar la presidencia y la primera en hacerlo por el mandato del voto popular, anunció que sí contenderá por su reelección.
Este año concluye su primer periodo al frente del gobierno de la Argentina, luego de haber arribado con el 45 por ciento de los votos y de haber superado la muerte del líder de su movimiento, su compañero de gestas políticas Néstor, cuya presencia sigue poblando las paredes de las oficinas centrales, la credenza de su despacho y los discursos oficiales.
Enfrente tiene -como suele ser en política- enemigos verdaderos, como el derechista jefe de gobierno de Buenos Aires Mauricio Macri, un carismático empresario, ex dirigente del popular club de futbol Boca Juniors, quien este próximo domingo si las encuestas no se equivocan logrará reelegirse por encima del candidato de Cristina, dando con esto un contundente revés al kirchnerismo.
Sin embargo en un round previó perdió ante la figura presidencial, quien de acuerdo con versiones de sus asesores de imagen, salió fortalecida con la muerte de Kirchner. Macri midió sus fuerzas con la presidenta y el año pasado admitió sus aspiraciones presidenciales, sin embargo no levantó y debió conformarse con repetir en la jefatura de gobierno.
Ante lo reñido de la contienda, la presidenta acelera el paso más de forma que de fondo en las definiciones ideológicas y ante el embate de la derecha, busca cada vez más reafirmar su tendencia a la izquierda.
Con motivo de la celebración del bicentenario de su independencia el año pasado, la casa presidencial fue ornamentada con sendas fotografías de líderes latinoamericanos de izquierda; por México figuran Emiliano Zapata, Francisco Villa y Lázaro Cárdenas del Río, quienes comparten muros con Sandino, el Che Guevara y Farabundo Martí.
Cristina Fernández de Kirchner no flaquea como Isabelita Perón (María Estela Martínez), la primera mujer en gobernar Argentina al asumir el poder en su calidad de vicepresidenta a la muerte del mandatario Juan Domingo Perón.
Isabela –como le conocían- no logró afianzar un liderazgo tras el fallecimiento de su esposo, el carismático presidente Perón, y dos años más tarde fue depuesta por un golpe militar que encabezó el inefable Videla.
No, Cristina es poderosa y elocuente, con una carrera política propia aunque siempre de la mano de su consorte. Fue diputada y Senadora por la provincia de Santa Cruz y la de Buenos Aires e incluso, alcanzó el rango de Gobernadora aún antes que el propio Néstor.
El binomio político quedó disuelto por causas naturales, por lo que de concretarse el segundo periodo de la actual administración, no queda duda que estaremos asistiendo al surgimiento de un nuevo liderazgo, ese que tendrá el matiz, la esencia, el pulso y por supuesto el aroma de la otra Cristina.
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