Las tentaciones del gobernante
Despreciado por su color –frecuentemente le han dicho peyorativamente negro por el tono de su piel-, se ha convertido en un constructor de sueños, en un vendedor de quimeras cuyos costos, todos, estamos por pagarlos.
Su verbo inacabado, sus dotes histriónicas y su capacidad impresionante de controlar a los medios de información, son una cualidad que en mucho, le ha permitido sortear con los más altos índices de popularidad su paso por la política.
Su origen humilde no fue impedimento para escalar en la pirámide social. De profesión abogado, rápidamente supo vincular su ejercicio con el sector público e hizo del discurso, el rollo pues, su principal herramienta de trabajo.
Muchos le han criticado esos excesos, que le derivaron en múltiples motes, todos ellos vinculados con su proclividad a prometer cosas, la mayoría de las cuales inaccesibles a decir de analistas que externan su opinión en el más completo sigilo, pues disentir en estas condiciones festivas; de euforia pues, es la antesala al destierro.
No se puede regatear su personalidad hipnótica, derivaba muchas veces del desenfado con que se conduce, del populismo rampante que usa con excelentes resultados, pero que no dejan de sembrar la duda sobre su personalidad hueca, vacía, construida en la escuela más pura de la demagogia, bajo el modo de los Sofistas (desde el enfoque de Píndaro).
Su experiencia legislativa ha sido su principal baluarte, ahí fortaleció sus relaciones con la clase política nacional, ahí se apropio de la imagen de conciliador, ahí se allego de los contactos con las base del partido, para acariciar la anhelada candidatura.
Su paso por el Senado fue determinante para sus futuras aspiraciones. Ahí estableció las bases de su financiamiento y arrebató la candidatura ante la sorpresa de propios y extraños. Después, todo ha sido historia y las calles y ciudades han sido inundadas con su imagen omnipresente, hasta en la sopa dirían los ilustrados.
Estos excesos sin dudarlo, acarrearán consecuencias que no tardan en revelarse, porque el hartazgo ante la saturación de la imagen pública, genera una reacción de animadversión y esa personalidad hedonista, concupiscente, narcisista, no tardará en detonar en el rostro de quienes votaron por él, exigiendo, si se pudiera, revocación del mandato.
Esas son las tentaciones del gobernante, las que están abajito de las clásicas: la corrupción, el abuso de poder, la retórica, el tráfico de influencias y la más grave de todas, defraudar la confianza del pueblo que lo llevó al poder.
Ha generado un cúmulo muy alto de expectativas y la desilusión puede ser catastrófica para su partido en las próximas elecciones, aunque hoy, son una mayoría apabullante.
No hay cuentos chinos que valgan pues, veremos si Barack Obama está a la altura de los retos por venir, veremos si es el político que dice ser o que nos dijeron que era los siempre diligentes medios de información.
La cuenta regresiva ha comenzado… a ver si no se nos aguada la fiesta.
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