AÑO 17 VOLUMEN 4236

 

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DESDE HUATUSCO

CERRO DEL ACATEPEC

Roberto García Justo

Allá, no muy lejos de donde la vista del hombre  alcanza a percibir su entorno formado por él tiempo y que se une en el horizonte  para alcanzar el color  azul del cielo;  es el punto exacto en que  la   tierra con su potencia, arquea el espinazo para poder  mirarlo  erguido y majestuoso. Ahí está desde hace tantos años que a la memoria se le hace imposible recordar, pero consciente por su naturaleza, que seguirá en el mismo lugar, aunque ya no tenga el fuego ardiente de su niñez ni la fortaleza de su juventud.  

Inmóvil por  su cono pedregoso  formado por los estragos de la lava, impávido ante las inclemencias de tormentas y rayos que iluminan el espacio, impasible por la tranquilidad que lo envuelve y lo impulsa a seguir siendo un testigo silencioso de la historia. Ya que por su enorme territorio se alimentaron animales de distintas especies. Y más adelante, aparecieron los primeros hombres que disputaban los ricos bosques preñados de flora y fauna.  

Esos primeros pobladores deslumbrados por su belleza,  tuvieron la brillante idea de buscarle un nombre.  Se tiene la creencia que esto sucedió cuando los carrizos crecieron en sus laderas, y se hicieron escabrosas,  acudieron a los usos y  costumbres por lo que  no dudaron en llamarle ACATEPEC, porque de su lenguaje florido tomaron Acatl que significa caña y Tepetl, cerro.  Y así se le conoce desde entonces como el “cerro de las cañas”,  como un símbolo de la inspiración poética para los huatusqueños.

No es casual que la población se extendiera hacia el Oriente, los arquitectos indígenas intuyeron que en esa posición, se aseguraba tanto la vida como el alimento obtenido por la cosecha de los individuos. En  la cima se construyeron sitios ideales  para avizorar la llegada de personas o animales extraños que podían  crear estragos a la comunidad. Al son del teponaxtle  se levantó el centro ceremonial más importante de esta raza. Ya que el Teocalli, se convirtió en el centro que  los reunía para rendir tributo a su dios.  

 

CERRO SAGRADO

Laderas firmes como un trapecio verde,

con lucidez sirves de fondo a esta ciudad

te miras perfecto que marcas

el sitio exacto donde Huatusco se fundó.

 

Tu cráter cilíndrico dio forma a un lago que,

Sosegado admira sus alrededores.

Refleja los árboles que cada año crecen

Remanso de paz y aves canoras

Que entonan sus trinos al gran redentor.

 

Cerro que en tardes te cubres de niebla

Anunciando que ese día lloverá.

Tu nombre náhuatl como cuauhtochco

Nos recuerda sus profundas raíces

Que reflejan su carácter.

 

Cada ser reservado y tranquilo

Jura amar  a su bella  tierra,

Que de volcán se convirtió en cerro,

Para no causar celos al Citlaltépec

Que con sus copos de nieve

Permanece siempre

Con el ánimo firme de contemplar.

(Anómimo)