AÑO 17 VOLUMEN 4128

 

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DESDE HUATUSCO

El Huatusco de 1912

Roberto García Justo

El Huatusco  de 1912, tenía características propias de un dinámico crecimiento que encontró en sus entrañas la sabiduría de una comunidad que rompió los esquemas tradicionales del gran Señorío.  En esa época de incertidumbre revolucionaria, donde todos corrían el riesgo de perder la vida, un parroquiano de nombre Antonio E. Rebollo,  emigró hacía los Estados Unidos de Norteamérica, en la ciudad de de Bond  Brooks,  Nueva York,  después de algunos años llegó a ser gerente internacional de la Johnson & Johnson.      

En los últimos días de su existencia, añoraba regresar a la tierra donde nació y memorizar los lugares que recorrió cuando era  niño, saborear los guisos hechos por su madre,  que le dio vida, era su obsesión. En una carta que le mandó a Francisco Rebolledo Pérez, le manifiesta lo que siente: “Mil veces, apartándome del momento, he vuelto a Huatusco y, plantándome  en la antigua Avenida Libertad, en la esquina noroeste del Parque Zaragoza, veo hacia el oriente la Parroquia. Al sur la relojería de Torres Alaniza. Román el carnicero y la cantina de don Joaquín Nieva.

Al Oeste la cantina de Carrillo, con su salón de billares, una mesa con paño lleno de remiendos, bandas de goma endurecida y bolas resquebrajadas, de legítimo marfil. A continuación la cárcel general, donde vi a Chema Lobillo expiando sus graves delitos, sentado en el alfeizar de la ventana, protegida por mohosos barrotes de hierro. Al final, ciertas oficinas gubernamentales. En la esquina donde in illo tempore medraban los intereses de Don Emilio Champión, cuya vida marital tocó a su fin por ciertas indiscreciones entre Joaquín Loyo y su bellísima esposa Clara Pesado.

Por el norte veo la casa señorial de Tío Chucho Páez y después la Escuela Cantonal Sánchez Oropeza, versión mejoradísima de lo que fue mi alma mater, donde cursé mis primeros estudios bajo la férula de don Arnoldo Cabañas, el señor Caamaño, ratón blanco, Celso Jasello y don Miguel B. Fernández.  Enfrente a la escuela estaba la humilde morada de don Paulino Ortega, escultor privilegiado, creador del sublime crucifijo que conservo con adoración en mi dormitorio y el cual inspiró las oraciones de mi abuela y mi madre. Esta obra ha estado en manos de mi familia desde hace por lo menos noventa años”.       

Según las crónicas de aquellos tiempos, la ciudad contaba con servicios y mantenimiento, había una vigilancia estricta para que funcionara a la perfección.  En 1897 se inauguró el alumbrado público, y en 1907 la junta de cabildo aprobó el proyecto de reglamento de policía para la ciudad. En ese documento se clasifican las actividades sociales que se tenían que realizar. En caso de que no fueran respetadas se aplicaba la sanción respectiva. Este ordenamiento prevaleció durante mucho tiempo, sin que tuviera modificaciones importantes, lo que en la actualidad se requiere para reordenar los principios fundamentales de la comunidad.

Los gobiernos municipales tienen como obligación la prestación de servicios públicos, el diario  contacto  con los habitantes, les permite la identificación de necesidades y su pronta corrección. Las acciones que debe plantear es prever la creación de espacios necesarios para garantizar el sano crecimiento de la infraestructura social y económica, para el cabal cumplimiento de sus funciones. Observando la estricta ejecución de los planes de ordenamiento urbano y rural.    

l crecimiento poblacional genera la demanda de vivienda, servicios y vías de comunicación, que permita el desempeño de sus actividades sin perjuicio del bienestar de los vecinos y el deterioro del medio ambiente. Los cambios en la movilidad de las personas y vehículos marcan la pauta para modificar y mejorar los accesos a los lugres de mayor confluencia. Es necesario replantear que la infraestructura carretera es un conjunto de elementos que permite la circulación de personas y vehículos en forma apropiada y segura.  Hoy lo mismo que en el pasado, tenemos que recomponer las relaciones en el municipio, por lo tanto, recurriremos a los reglamentos vigentes para ponerlos en funcionamiento  y estar en condiciones de  eliminar esos obstáculos que impide regresar a nuestros orígenes.