Pato… jamás águila
QUE HABÍASE una vez un pato, que pretendía ser doictor y cuentan por ahí que en sus años mozos, allá por los setentas, durante su servicio social, espantó cigüeñas a más no poder.
Asunto éste que, todo mundo supo en aquel ayer, pero que 40 años después las nuevas generaciones supieron al expandirlo en un libelo un lengua floja que a la postre y a cambio de silenciarlo sería el mejor aliado del patuleco, observen detenidamente como camina el pato y verán que va muy ad hoc con él, la palabra patuleco.
Como sea, pero el pato a como diera lugar tenía que ser profesionista, no importaba que se atentará contra la vida, no importaba convertirse en un criminal y utilizar una legra para eliminar tejido del útero mediante raspado o cucharillado, o sea, despedazar un ser ya con vida y extraerlo o expulsarlo de la matriz, a cambio de unos pesos por el servicio “profesional”, tal y como presumió en su pasquín aquel que tanto lo odiaba.
Cuentan en su pueblo que, el pato, desde chamaco siempre se le caracterizó por escandaloso, broncudo, mentiroso, déspota, engreído, soberbio, prepotente, intolerante y hasta tracalero.
Así se las gastaba quien creía ser águila, aunque para las masas fuera un simple pato.
Ese pato, un día tuvo que emigrar para poder triunfar porque pensaba que sólo los pen…santes se quedan en sus pueblos a ver el tiempo pasar y no alcanzar éxito en nada.
Cosa contraria pensaban sus paisanos en aquellos tiempos, mismos que decían que los valientes e inteligentes luchan en sus natales tierras y es a través del trabajo limpio y honesto como se logra salir adelante, siempre al lado de los seres queridos.
En fin, al pasar los años, quienes le conocieron y vieron crecer, se dieron cuenta que aquel pato daba indicios de ser bipolar.
Ya con el tiempo, algunos de sus correligionarios, no se diga sus familiares, se sintieron orgullosos de ver como aquel pato de doble cara empezaba a volar y triunfar en su carrera, asunto éste que propiciaba 2 ó 3 afines suyos se tiraran al suelo cada vez que lo veían, no sin antes hasta besarle sus alas.
Así las cosas, a aquel pato un día alguien le habló al oído y le dijo que podía ser el rey, que no fuera tonto porque en donde tenía su ombligo enterrado la gente le amaba y le adoraba y sin lugar a dudas lo llevarían al trono.
Espinita que se clavó en sus oídos y en lo más profundo de su cerebro, como cuando el pato clavaba la legra en el útero de algunas chicas que salían con su domingo 7 y era preferible abortar al producto a ser señaladas por una sociedad espantada; embriones o fetos que seguramente sentían cómo lo asesinaban.
Un día, el pato se decidió a lanzarse en busca del trono, luego de un análisis profundo sobre su existencia, total, si su vida siempre había sido de lucha por lograr objetivos a cambio de lo que fuera, de aniquilar, de ser embustero y de reflejar una doble personalidad, que más daba una raya más al tigre aunque él fuera un simple pato, y no tigre.
“Tengo que ser el apóstol de la prosperidad; tengo que convertirme en el amo y señor de la modernidad de mi pueblo”.
Así, como lo entrecomillado párrafo atrás, pensó el pato, mismo que se decía hacia sus adentros, “si siempre he hecho mucho cua, cua, cua, cua, cua, cua, cua, cua, que más da regresar a conquistar mi tierra con una sarta de mentiras, una hipócrita sonrisa y un falso abrazo; ingue su mauser, de que me los chingo, me los chingo, yo tengo que ser el rey a como dé lugar. Si de patito fui amarillo y ya adulto me puse negro con vivos blancos, qué más da agenciarme otro color”.
Para lograrlo, cuentan en su pueblo que los primeros corifeos fueron patos rojos y luego patos azules que ya algunos años atrás habían intentando llegar al trono, más sus granjas no se los permitieron, por falsos.
Contra viento y marea, el pato al ver cómo su ambiciosa idea de ser el rey empezaba a esfumársele como agua entre sus manos, se arrastró tanto que finalmente logró cristalizar su sueño, pero para poder alcanzar el trono había que engañar a su pueblo como era su característica, total, lo que interesaba era llegar al poder y estar 3 años más robando al pueblo, continuar con la corrupción, no preocuparse por el pueblo, no respetar a los representados e ignorarlos y meter a toda la parentela a laborar en palacio, pagándoles muy bien con el tesoro público.
Ya con su traje de rey, su corona y su bastón, el pato no sólo puro pico, sino que empezó a regarla una tras otra con su cua, cua, cua, cua, cua, cua, cua.
En su granja opinan sus allegados que, el pato es más falso que una moneda de 15 pesos y que si el rey cree que volará aún más alto, se equivoca porque en tan poco tiempo, ahí donde tiene enterrado su ombligo, sus paisanos ahora sí ya se dieron cuenta en realidad de su doble personalidad.
A gran parte de la granja le ha salido caspa y se compungen toditos ante las pésimas acciones de su rey pato.
Los achichincles del rey pato están más que arrepentidos de haberle ayudado a conseguir el trono, ya que hoy los discrimina.
En calidad de mientras, viva el pato, viva el rey.
Por ahora, que el rey pato ponga sus barbas a remojar ante lo que ve…
Ahh!, las águilas no hacen ruido, se elevan por encima de todo y actúan.
Esta historia continuará, y seguramente, llegará a varios capítulos.
P.D.- Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.
Y EL QUE NO QUIERA VER VISIONES, QUE NO SALGA DE NOCHE.
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