Los 200
Diez años, diez segundos, diez días más uno. Mañana se cumple una década del atentado a las Torres Gemelas en Nueva York; se trata de los diez segundos de transmisión en vivo más impactantes de la televisión en todos los tiempos, y con esto, presenciamos la reinvención y el perfeccionamiento de la técnica de control político más ancestral y más efectiva: el miedo.
Desde los clásicos en la antigüedad hasta los dirigentes contemporáneos; desde los regímenes totalitarios hasta los más democráticos; desde las iglesias hasta la milicia, pasando por los idealistas, pirómanos y líderes de opinión, el recurso de atemorizar a la sociedad como método de sometimiento siempre está latente.
El miedo en términos simples es un mecanismo natural de defensa ante el peligro real o imaginario, es un estado emocional directamente ligado a nuestro instinto de supervivencia; en sentido estricto el miedo es benéfico porque los procesos químicos que desencadena, fisiológicamente nos permiten estar alertas ante una situación de riesgo y reaccionar con rapidez.
Este sentimiento es imposible de inhibir, porque es una emoción básica genéticamente grabada en nuestro sistema límbico, y aunque hay algunas desviaciones (como en el caso de los psicópatas que manifiestan conductas temerarias), la generalidad está a expensas de este reflejo de nuestra condición humana.
Obviamente este es un manjar para quienes, con fines de supervivencia política o para imponer sus reglas o visión del mundo, estimulan el miedo en la sociedad como estrategia de sometimiento.
Desde las acciones más simples para intimidar a los infantes con “el coco” y hacerlos que cumplan nuestros deseos, hasta la creación de complejas amenazas para nuestra seguridad como los judíos de Hitler, las armas biológicas de Irak, el ántrax, chupacabras o la invasión extraterrestre de la Guerra de los Mundos de Orson Welles, el miedo siempre funciona.
Con el colapso del imperio, analogía muy recurrente para referirse al ataque terrorista a los Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001, se recicló este recurso antiquísimo para propiciar que una sociedad no ejerciera sus libertades y que cediera sus derechos civiles, a la autoridad (George W. Bush) para ponerse a salvo.
El documental “Loose Change” escrito y dirigido por Dylan Avery, es el trabajo de investigación más controvertido sobre los acontecimientos del llamado 11/9. En él se escarba sobre la teoría de la conspiración y se aventura la tesis, de que fue el propio gobierno norteamericano quien orquestó y ejecutó estos ataques para justificar el inicio de una nueva guerra.
Este trabajo reestrenado en 2008, exhibe documentos que revelan que desde 1962 ya se exploraban opciones de operaciones militares para autoatentados. En marzo de aquel año, por ejemplo, Lyman Lemnitzer, jefe del Estado Mayor Presidencial, presentó un proyecto de acciones de desestabilización de la base de su propio país en Guantánamo, que incluían el derribe montado de un avión “civil” estadounidense para así obtener un pretexto para invadir Cuba.
La llamada “Operación Northwoods” no se llevo a cabo, sin embargo se documentó que durante los años sucesivos ese gobierno estuvo ideando y ensayando este tipo de teatralizaciones en caso de ser necesarias. La película hollywoodense Wag the Dog expone el caso ¿ficticio? de la invención de una guerra con un país balcánico para desviar la atención de la sociedad ante un escándalo de pederastia que pone en riesgo la reelección del presidente.
La duda persiste sobre lo que hay detrás del mayor atentado terrorista de los Estados Unidos. Incluso en “Loose Change” se cuestiona la autenticidad de los pasajeros que viajaban en los aviones utilizados como misiles.
Lo que sí es muy cierto, es que cada aniversario las historias versan sobre los 200, que es el número de personas que se calcula se encontraban en los edificios al momento del siniestro. De los pasajeros del avión, nada.
Incluso en la extraordinaria serie televisiva “Recuerdos Vivos” hecha en agosto de 2011 por The New York Times, se narra la vida de los familiares de quienes estaba en las torres, de los bomberos y policías que perecieron aquel 11/9, pero ninguna de ellas, habla de los pasajeros de los enigmáticos vuelos.
Comentarios a letracapital@yahoo.com.mx o en Twitter a @moralesflavio