Mitos de la Gerencia Política
El uso de las herramientas de la gerencia política en México tuvo su auge después de las elecciones presidenciales del año 2000. El “efecto Fox”, como se calificó en su momento al fenómeno que significó el triunfo por primera vez de un candidato de oposición en una contienda presidencial, fue la síntesis de un uso eficaz de la gerencia política para avanzar hacia la consecución del poder en el marco de procesos electorales.
Esa candidatura se convirtió en prototipo para quienes después, participaron en elecciones abanderando a los distintos partidos políticos del país. Sin embargo muy pocos han logrado conciliar las dos grandes dimensiones del liderazgo democrático: el carácter y la personalidad.
El descrédito que viven los partidos políticos en México, los ha colocado en una crisis de identidad que inevitablemente repercute en el desempeño de sus líderes. Se vive un ambiente muy pragmático en términos electorales, donde se busca el triunfo a toda costa, incluso, en detrimento de sus programas de acción y su plataforma ideológica.
Resulta paradójico que aunque el PRI perdió la presidencia desde el año 2000, su hegemonía territorial no ha disminuido, por lo que cada elección se convierte en el partido a vencer. Ante esto la oposición y principalmente el derechista PAN (que tiene en su poder la presidencia de la República), ha claudicado sus principios para establecer alianzas electorales con partidos tan antagónicos con el de izquierda, PRD.
Esto nos pone de frente a una contradicción en el uso de la gerencia política, pues se aplican puntualmente los instrumentos para clarificar el panorama de una elección, sin embargo, una vez cumplido el objetivo de levantarse con el triunfo, esas victorias no se traducen en la capacidad de toma de decisiones políticas en el ejercicio del gobierno.
Esta situación ha degenerado en una práctica común de la política mexicana en estos días: el reciclaje de líderes autoritarios por vías democráticas. El ejemplo más emblemático es el de Ángel Heladio Aguirre Rivero, priista que fue gobernador interino del sureño estado de Guerrero en 1996 y este año intentó nuevamente postularse al mismo cargo pero al serle negada la candidatura por el PRI, contendió y triunfó en las elecciones en enero pasado pero abanderado por una colación de partidos de izquierda encabezada por el PRD.
Durante su primera gestión al frente de gobierno de Guerrero, el PRD fue el más crítico del desempeño de Aguirre Rivero, a quien calificó en ese entonces como un político represor y con nula vocación democrática… años más tarde el discurso del PRD fue modificado radicalmente para justificar su postulación.
Esto nos deja claro que en México la gerencia política se utiliza de forma más no de fondo, pues no se busca impulsar liderazgos democráticos, sino en todo caso, acceder al poder a toda costa.
Lo anterior nos lleva a plantear un rasgo preocupante y que es recurrente en el ejercicio del poder político en México, y que se puede calificar como: la evasión de la responsabilidad de gobierno.
En aras de utilizar los instrumentos de la gerencia política, ya es común que los gobernantes nacionales cuenten con gabinetes de expertos enfocados a mejorar la capacidad de gestión del poder, principalmente en el uso de técnicas de investigación social.
Esto ha convertido a la encuesta, en un eje fundamental para la toma de decisiones; sin embargo se abusa de esta herramienta y en no pocas ocasiones, medidas necesarias para el bienestar colectivo no son implementadas porque no gozan del respaldo popular.
Por tanto resulta peligroso y cómodo, dejar que políticas públicas dolorosas en término de costos a la ciudadanía pero necesarias, pasen el tamiz de una encuesta o estudio de opinión para su aplicación. Esto en nada abona a la democracia y tiene un efecto “Pilatos” para quien pretende ejercer un liderazgo de acuerdo a los parámetros de la gerencia política.
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